Asdurubal
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Asdurubal se erige en el poniente no como un territorio de prosperidad, sino como un inhóspito dominio marcado por el fuego y la ceniza. Albergando a una población total de apenas 350 habitantes, el lánguido y tenaz pulso de esta región volcánica late en su sombría capital, Duj’i, un oscuro refugio de 230 habitantes que resiste a la sombra de la devastación. Más allá de las fronteras de este asentamiento de supervivencia, el escaso peso demográfico recae sobre una única población principal que comparte las penurias del territorio: la comunidad de Sabad’orj, que cuenta con 120 habitantes. Juntos, estos dos enclaves forman el frágil pero inquebrantable tejido que mantiene la presencia humana en las tierras más mortíferas del continente.