cisma de la fe

El cisma de la fe: cultos menores y herejía

Más allá de los Cinco Dioses, la fe de Zaphia se ramifica entre la devoción a su linaje y la adoración de entidades prohibidas.

Aunque las doctrinas principales dominan las capitales, en las zonas rurales, los bosques profundos y las catacumbas de Zaphia se reza a otros nombres. Algunas de estas órdenes son toleradas como extensiones de la fe principal; otras, son perseguidas hasta la muerte.

Órdenes que rinden pleitesía a los hijos de los dioses originales. Son respetadas en ciertas regiones, aunque no poseen el poder político de las religiones centrales.

  • La Orden de Mura (Hija de Etheli): Su devoción fluye por el agua. Tienen un enorme poder de convocatoria en las poblaciones pesqueras de Sira y Zao.
  • La Orden de Rhyno e Ygris (Hijos de Gorlay): El culto de los hermanos gemelos. Su fe de raíces entrelazadas tiene un profundo arraigo entre la gente de las rudas Tierras Normandas.
  • La Orden de Tasayi (Hija desterrada de Bu): La fe de los marginados. Veneran a la hija que fue encerrada y abandonada por su propio padre. Sus acólitos, vestidos de naranja, se extienden desde Sierra Florida hasta el sur de Buidan.
  • La Orden de Argy (Hija de Naith): La llama del bosque. Considerados los precursores de uno de los pueblos más antiguos de Zaphia, custodian sus ritos en el Bosque de Kuse y las Costas de Hovor.

Organizaciones religiosas clandestinas. Adorar a estas entidades es sinónimo de destierro, prisión o la horca en la mayoría de los reinos.

  • La Orden de los Trece: La secta del abismo. Rinden sumisión absoluta a Laftulaz, El Señor de las Tinieblas. Ocultos bajo máscaras blancas y hábitos inmaculados, operan en las sombras, aguardando el regreso de su señor. Son el principal objetivo de la Hermandad de Resistencia.
  • La Orden de los Cuatro Señores: Los heraldos de la calamidad. Escondidos en lugares remotos como la isla Meri, profesan una fe oscura y prohibida hacia los Cuatro Señores, venerando la destrucción, la enfermedad, el hambre y la sumisión como motores del equilibrio del mundo.