
Considerada la lengua primigenia, es el verbo anterior a la enigmática «reescritura del mundo». Sus orígenes exactos se pierden en la bruma de los tiempos, aunque los eruditos coinciden en atribuir su nacimiento a la voz de las Arcanas y al aliento de las Trece Creaciones.
En la actualidad, su uso como herramienta de conversación es inviable, puesto que la gran mayoría de sus vocablos carecen de una traducción exacta a la mente moderna. Por ello, ha quedado reservado estrictamente para lo sagrado y lo arcano: cánticos, gleufes y rituales solemnes. Su poder radica en un principio inalterable: el idioma antiguo no transmite un significado, sino una vibración. Es una lengua que altera el entorno; no se comprende, se siente.