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Gorlay
Cuando el mundo aún tenía sed, Gorlay abrió sus manos y dejó caer el primer aliento del agua. Allí donde tocó la tierra, el suelo aprendió a fluir. Así nació Gorma: no como un reino alzado con muros, sino como uno tejido por ríos. Gorlay no gobernó con tronos ni coronas, sino con corrientes invisibles…