bu

Bu consagró Buidan al éter, gobernándolo sin tronos ni murallas, sino a través del silencio. Aquietó los lagos para que reflejaran el alma del cielo, silenció los bosques para que escucharan a los espíritus y guio a pueblos pequeños por elección, donde la espiritualidad protegía al reino mejor que
cualquier ejército.
Cuando acabó su trabajo se transformó en Daruga, un gigantesco caballo blanco que, según las leyendas, tiene la altura de un treinta hombres, jamás se le ha visto y desprende un olor muy característico que atrae a las almas que se han perdido.
Existe una región en Buidan, la más al norte, que fue bautizada como Tierras de Daruga, en su honor.
Bu solo tuvo una hija, llamada Tasayi.