La diosa Naith consagró la tierra a lo verde, extendiendo su aliento en forma de niebla sobre colinas negras y raíces antiguas. Así nació Donnaithne.
Bajo su presencia, los árboles crecieron espesos y silenciosos, y la vida aprendió a brotar incluso donde la piedra parecía eterna. Allí donde Naith caminó, la naturaleza no fue domada, sino venerada.
Para poder introducirse en su propio reino cambió de aspecto. La diosa se convirtió en el espectro de la bruma, una densa y blanquecina dama que, según las voces ancianas, vaga las noches de niebla y es conocida como Assuena.
Naith tuvo tres hijos: Helonias, Santa y Argy.