Dearla-shi

Dearla-Shi consagró Deargaron al fuego, modelando la tierra con volcanes abiertos, rocas gigantescas y suelos siempre ardientes. Bajo su dominio, las aguas hirvieron en manantiales termales, las ciénagas exhalaron vapor y la tierra aprendió a arder sin consumirse, adquirieron tono rojizo.
En Deargaron, el fuego no fue destrucción, sino pulso y origen.
Al concluir su obra, adoptó la forma de una Dar-fylia, una criatura colosal de escamas escarlata y cuatro alas membranosas como las de una mariposa que se alza entre la niebla. Sus colmillos y garras afiladas parecen estar cincelados en fuego, y cada batir de sus alas hacía temblar la tierra y chispear el aire.
Cuenta la leyenda que se enamoró de Pruka, una montaña, y que no le importaba desgarrarse las alas ni perder sus escamas con tal de volver a visitarla.
Con el tiempo, Pruka y Dearla-Shi tuvieron descendencia: Dorchami y Solakum