la leyenda de Gorlay y sus descendientes en zaphia

Cuando el mundo aún tenía sed, Gorlay abrió sus manos y dejó caer el primer aliento del agua. Allí donde tocó la tierra, el suelo aprendió a fluir. Así nació Gorma: no como un reino alzado con muros, sino como uno tejido por ríos. Gorlay no gobernó con tronos ni coronas, sino con corrientes invisibles que enseñaron a la piedra a ceder y al tiempo a avanzar. Cada lago es un ojo suyo, sereno y profundo; cada río, una vena por la que aún late su voluntad.
Cuando terminó de crear Gorma decidió convertirse en una raíz acuática de gran tamaño, conocido como Vrajion.
Cuenta la leyenda que su cofia creció tanto que, cuando tocó el fondo, nacieron tres ramas que llegaron a la superficie para traer al mundo a sus tres descendientes, cada uno a un lugar diferente.

raura

Raura, una joven de aspecto rudo, piernas y brazos fuertes, y expresión que rozaba lo masculino,fue la primera en nacer.
Con el tiempo fue adquiriendo una gran habilidad con la caza mientras cuidaba de los bosques que poblaban la zona. Pero aquella habilidad tenía un hándicap: por cada criatura que cazaba se le restaba un año de vida. Finalmente arrebatar la vida de un ser traía consecuencias más perjudiciales de las que se imaginaba.
Cuando ya había perdido casi toda su fuerza y años se dedicó a vagar por los bosques, protegiéndolos de cualquier peligro. Pasó tiempo con la soledad y la naturaleza, consiguiendo adquirir toda su sabiduría, por lo que adquirió una nueva habilidad: sanar a aquellos que sufrían o traer de vuelta a aquellos que habían perdido la vida.
Raura tiene una gran influencia en la cultura de los gatílicos, pues aparece en la Leyenda de Espiro y es conocida por ser la creadora de los Espíritus del bosque.

Rhyno e Ygris

Tras ella aparecieron Rhyno Ygris, dos mellizos que nacieron en dos partes diferentes del reino, pero que estaban tan conectados que consiguieron encontrarse.
Durante sus primeros años cada uno de ellos tenían una función: Rhyno se encargó de crear la agricultura y ganadería, mientras que usaba a las abejas para obtener miel; Ygris, en cambio, jugó un papel crucial en la pesca y en la minería de la zona.
Una tarde fría, de aquellas que ya no se recuerdan, ambos se encontraron. Aquello que sentían en la distancia se intensificó en cuanto cruzaron sus miradas. Ambos se enamoraron al instante y mantuvieron una relación que duró años, hasta que Gorlay conoció la noticia.
Él, cabreado, aprovechó que dormían para alargar sus raíces, absorbiéndolos desde la cabeza y dejando tan solo sus pieles como simples recuerdos.
Ambos son venerados por los normandos desde eras pasadas.